Misión de la Iglesia Providencia

Fortalecer el deseo de glorificar a Dios con nuestras vidas, y de anunciar con convicción el evangelio de Jesucristo, dependiendo del Espíritu Santo, buscando el bien de la ciudad de Santiago.

Esta es corta, memorable, y busca la gloria del Dios Trino, el desarrollo y crecimiento de los creyentes, la conversión de los incrédulos, el servicio y amor a la comunidad y la centralidad del evangelio. La misión es simple y memorable, nace del verso lema de nuestra iglesia; Hechos 4.20.

“Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.” Hechos 4:20

Pedro y Juan fueron arrestados por los líderes religiosos porque enseñaban y proclamaban el evangelio; “la resurrección de entre los muertos en Jesús.” (4.2). Luego fueron juzgados por las autoridades religiosas, pero ellos respondieron con valor (4.13) anunciando otra vez el evangelio; “Jesucristo de Nazaret, crucificado por ustedes, resucitado por Dios” (4.10). Finalmente, aún reconociendo que habían estado con Jesús y que habían favorecido al necesitado (4.9, 4.16), se les amenazó y se les prohibió enseñar y hablar acerca de Jesús otra vez (4.17-18). Pedro y Juan respondieron con una pregunta; “¿Es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en vez de obedecerlo a él? ¡Júzguenlo ustedes mismos!” (4.19), y en nuestro verso ellos mismos responden a su pregunta; “Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (4.20).

No dejar de hablar, de anunciar, a Jesús crucificado y resucitado por los pecados (pues eso es lo que han visto y oído) es la respuesta justa de obediencia a Dios. Los apóstoles, aún en circunstancias difíciles, están convencidos de que deben anunciar el evangelio pues eso glorifica a Dios. Ellos deseaban que Él fuera glorificado en su fe, su obediencia y en la alabanza a Dios que esta produce (4.4, 4.21, cf. 1 Pe 2.12).

¿Cómo? ¿Cómo llegar a tal deseo y convicción? Ellos, sin importar su condición o estatus social pasaron tiempo con Jesús (4.13, cf. 1.3, 1.21-22) y habían sido fortalecidos por el Espíritu Santo (1.8, 2.4, 4.8). Fueron las enseñanzas de Jesús y la acción interna del Espíritu Santo las que hacen que un Pedro pase de ser un cobarde que niega a Jesús (Marcos 14.66-72) a ser un hombre que no puede dejar de decir lo que ha visto y oído (Hechos 4.20). Por lo tanto como iglesia debemos responder a esta palabra buscando fortalecer a los creyentes por medio del evangelio de Jesucristo, dependiendo del Espíritu Santo (4.23-31), para que deseen que en toda circunstancia otros lleguen a creer y Dios sea glorificado, no dejando de anunciar a su Hijo y buscando el bien de los necesitados (4.9, 4.14, cf. 2.47). Entonces, se propone la siguiente la declaración de misión de la IAP… Fortalecer el deseo de glorificar a Dios con nuestras vidas, y de anunciar con convicción el evangelio de Jesucristo, dependiendo del Espíritu Santo, buscando el bien de la ciudad de Santiago.

Con Cariño,
El Equipo Pastoral.

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